Reconocer los regalos que tenemos y ser agradecidos

ES PARTE ESENCIAL EN LA ECUACIÓN …

Muchas veces, la vida nos sorprende y nos emociona, pero para que estos momentos no se pierdan en el olvido es importante capturarlos y traducirlos en asombro, para que de esta manera la energía de esa experiencia se quede con nosotros para siempre y nos ayude a ganar perspectiva, pudiendo recurrir a ella las veces que sea necesario.

El asombro nos libera de los límites físicos, porque sin pensarlo de pronto nos sitúa en un mundo de dimensiones distintas y solo es cuestión de dejarnos llevar hacia esa belleza eterna, la que no puede ser medida por el tiempo porque todo el movimiento está en el presente. Esta es la verdadera belleza, la del espacio atemporal donde todos los acontecimientos y movimientos están presentes. Aprendamos de los niños por ejemplo que son sabios del asombro.

De esta manera nuestra perspectiva se expande, porque supimos capturar esos instantes mágicos que nos llenan de luz y armonía y que han llegado a nuestras vidas para quedarse con nosotros para siempre, porque para ellos no hay tiempo ni espacio, es solo energía canalizada en el instante preciso del momento justo y en la dimensión correcta.

Cuando nos asombramos de nosotros mismos, nos damos la oportunidad de descubrir – y redescubrir – nuestro verdadero potencial, el que está latente y espera ser materializado.
Lo importante es dejar de mirar lo que somos, para enfocar nuestra mirada en lo que podemos ser, porque las cosas asombrosas son reflejos de lo eterno y trascendente, así como lo es el sonido del mar, los sonidos del bosque, es estar en contacto con el contenido del infinito en cada instante de nuestras vidas.

Logramos una nueva perspectiva, viendo nuevas posibilidades y descubriendo nuevas dimensiones. Nuestro potencial está esperando ser descubierto y el asombro es ver materializado ese potencial, porque entendiendo el poder de cada momento vemos que la vida es un asombro constante.

Descubrimos que la verdadera alegría viene del placer de crecer, de la autorrealización, viene cuando superamos un desafío difícil y de cuando experimentamos momentos de claridad.
La alegría es lo que resulta al convertir cada momento en una experiencia positiva de crecimiento.
Por ello, si hacemos cosas significativas obtendremos más alegrías verdaderas, porque cuando esperamos con ansias algo y la implicación es profunda, entonces y solo entonces la belleza eterna se hace presente.

Al disfrutar conscientemente de lo que tenemos descubrimos la verdadera felicidad, y nuestro asombro fluye por sí solo al sentir que apreciando con el corazón todo lo que nos ha dado la vida, ella nos sorprende, dándonos aún más.

Por ello saber reconocer los regalos que tenemos y ser agradecido es parte esencial en la ecuación. Recurramos a lo más valioso y valorémoslo, porque conocer el secreto de la felicidad es el más preciado de todos, pues la gratitud lo unifica todo.